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  En el mundo  
  Explotación Sexual Comercial Infantil (ESCI)  
     
 

La Explotación Sexual Comercial Infantil es una violación de los derechos fundamentales de los niños y niñas que comprende el abuso sexual por parte del adulto y su remuneración económica o en especie, tanto para el propio niño o niña, como para terceras personas. Constituye una forma de coerción y de violencia contra la infancia y representa una de las peores formas contemporáneas de esclavitud.

Según datos de UNICEF, cada año hasta dos millones de niños y niñas (la mayoría niñas) son víctimas de esta clase de abusos.

La dificultad a la hora de erradicar el problema reside en parte, por un lado, en la clandestinidad de estas actividades y por otro, en la falta de colaboración y/o legislación por parte de los gobiernos de los países más afectados.

El Turismo Sexual Infantil es un delito

Una de las ramas de la ESCI es el Turismo Sexual Infantil, una violación flagrante de los derechos de la infancia reconocidos internacionalmente. La legislación española (así como la de la mayoría de países del mundo) castiga a los abusadores independientemente de si el delito ha sido cometido en nuestro país o en el extranjero.

Causas

Las causas que provocan la existencia de niños y niñas para el disfrute sexual de adultos son numerosas y variadas. Entre las más importantes podemos citar la pobreza de los países de destino, la vulnerabilidad de las estructuras sociales, económicas y políticas, la proliferación de conflictos armados, la discriminación que sufren determinados colectivos, la existencia de mafias que han visto en esta actividad ilegal un inmenso negocio... pero sobre todo, la existencia, cada vez en mayor aumento, de una demanda específica de sexo con niños y niñas por parte de adultos de nuestras sociedades occidentales.

Consecuencias

La utilización de niños y niñas en el mercado del sexo representa su conversión en mercancía "de usar y tirar", constituye un atentado flagrante a su dignidad como seres humanos y una violación de sus derechos más elementales. La explotación sexual conlleva peligros físicos para los niños y niñas (maltratos, torturas, infección por SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, y muerte en algunos casos), alteraciones graves en el desarrollo psicológico, estigmatización y rechazo social, etc. Muchos de esos niños y niñas corren el riesgo de convertirse a su vez en agresores cuando son adultos.

¿Quién está implicado?

Toda la sociedad es responsable de que estas prácticas sigan ocurriendo. Los agresores, las mafias que controlan y se benefician de este negocio inmoral, aquellas personas que favorecen activamente las condiciones necesarias para que esto tenga lugar y que también extraen un beneficio. Pero también el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas de los diferentes países del mundo que a menudo ignoran o minimizan el impacto del problema, así como algunos Gobiernos y algunas empresas, que prefieren a veces mirar hacia otro lado.

El caso de Camboya

En Camboya por lo menos una tercera parte de los trabajadores sexuales son niños y niñas menores de 18 años. En más de la mitad de los casos de estas víctimas de la industria sexual, la persona que los convenció o los vendió era alguien que ellos conocían. Fundación Intervida trabaja en este país, junto a diversas ONG locales, con el fin de concienciar a la población y sentar las bases para poder erradicar el problema.


 
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